Arrancó otro año y ya se está acabando

Polinotas — Por el enero 2, 2017 a las 16:13

Arrancó el 2017 y sólo nos faltan once meses para que se acabe, los cuales se irán tan rápido como nosotros y nuestra competencia nos movamos.

Necesitamos entender que en esta danza del cambio, motivada por los avances tecnológicos y la transmisión de conocimientos, “No son los grandes los que se comen a los pequeños…. son los veloces los que se comen a los lentos”.

No se me angustie ni se me acelere, amigo lector, con lo que estoy tratando de redondear, nada de nervios, como dirían los muchachos, pues la verdad es que esta aldea global cada día la sentimos más integrada a través del uso de las comunicaciones y más desintegrada por el mal uso que le estamos dando a todo el poder que se puede ejercer por parte de quienes lo tienen. ¿Y quiénes tienen el poder en este siglo?, para mí el poder lo poseen aquellos que tienen el conocimiento, el mejor canal de comunicación y el mejor tiempo de respuesta. Por esta razón necesitamos meter en nuestro disco duro, que cuando madrugamos, nuestra competencia no ha dormido y de la única manera que nos subimos a la escalera de la competitividad es metiéndole el acelerador a todo lo que hacemos, pero sin sacrificar calidad por velocidad, se necesita ser consecuente. La velocidad, sólo por el hecho de andar rápido y sin destino en mente, es precipitación. Al final, esta velocidad sin control nos mete en grandes problemas. En cambio, imaginemos cuántas carreras ganaríamos si comenzáramos delante de los demás. Pensemos en el poder que se adquiere al pensar las cosas con prontitud, pero convirtiéndolas en acción y no dejándolas sólo como pensamientos.

Necesitamos dejar que la mejor idea sea la que gane, ejerciendo la capacidad que tenemos de prever, siendo éste uno de los ingredientes más importantes para la velocidad eficiente, pero no se prevé colocando la bola de cristal para la toma de decisiones, se prevé con el conocimiento. Cuando le preguntaron a Wayne Gretzky, leyenda del hockey, el porqué de su extraordinaria habilidad como jugador, respondió: “La mayoría de las personas patina hacia donde está el disco… yo patino hacia donde el disco va a estar”, esa es la diferencia entre prever y adivinar la suerte. Gretzky no dijo que patinara hacia donde iba a estar el disco en diez años, y ni siquiera a donde iba a estar en el próximo partido, su grandeza se debía a que patinaba allí donde iba a estar el disco dentro de unos momentos, esa pequeña ventaja era suficiente como para convertirlo en el mejor jugador de hockey del mundo.

El hecho de prever lo que probablemente  sucederá dentro de pocos meses y pocos años ya basta para darnos una ventaja sobre el 99% de la población que simplemente se deja arrastrar por los hechos. Lo único que necesitamos es una pequeña ventaja al comenzar, como lo hacía Gretzky.

En 1992, Steve Case se convirtió en director ejecutivo de AOL, incipiente proveedor de servicios en línea que contaba como clientes a unos excéntricos que pasaban su tiempo libre en el sótano de la casa jugando juegos de computador. Si bien la clientela total de la empresa sumaba sólo unos millares, Case veía un mundo nuevo. Previó un planeta donde el computador personal fuera tan común y corriente como el teléfono y el televisor, en menos de diez años la empresa que él edificó desde la nada se devoró al gigante de las comunicaciones Time Warner es una transacción avaluada en 166 billones de dólares (Dow Jones Business Wire, enero 10 de 2000).

Mi invitación para este año que va corriendo, es a pensar que sólo necesitamos meterle acción a la emoción y a poner en nuestro vocabulario la nueva palabra que estamos introduciendo en nuestra empresa: “No dé papaya, sólo quítele PA y quedará PA….YÁ” y veremos que cuando termine este año habremos llegado un poco más lejos que aquellos que siguen dando papaya.

Eudoro Román Lemos

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